El amor consuela como el resplandor del sol después de la lluvia.

El día se había nublado, esperaba cerca del río que Alba y Samuel llegasen, miraba al cielo sin cesar, estaba claro que iba a llover, ¡y nos iba a pillar en mitad de su preboda!. A veces hay que aceptar las cosas tal y como vienen, si llueve que llueva y con esa disposición nos fuimos a pasear por el campo.

Y hay parejas con las que sinceramente, poco importa mojarse, y no importa porque a su lado todo transcurre fluido, caminar detrás de ellos y mirar como se cogen de la mano, como se ayudan a cruzar los riachuelos, ver el amor así, de tan cerca, disipa cualquier nubarrón.

En Abril, lluvias mil, y así fue, nos mojamos y nos calamos hasta los huesos, pero en su caso ellos ya venían calados de casa. Eso sí, de amor.

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