El desierto puede ser un lugar inhóspito o un perfecto anfitrión. En nuestro caso fue lo segundo, el escenario perfecto para hacer una preboda diferente. Fran y Jose se pusieron en nuestras manos para elegir la localización y aunque tuvimos que estar en la carretera cuando aún era de noche, mereció sobradamente la pena. Un día junto a nuestro amigo José Bernal en el que los cinco parecíamos pasear por escenarios de película, un lugar dónde lo mágico y lo terreno se confunden entre las áridas planicies y los arbustos.  Un lugar perdido en el que aprender a encontrarse.

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